My boutique

Ohhh! Si yo tuviera una boutique….., o cuatrocientas, porque lo que yo deseo es decorarlas por dentro, pero sobre todo por fuera, es decir, el escaparate. Me arruinaría ya que haría una composición maravillosa cada día. O mejor, tres veces al día; desayuno, almuerzo y cena. Los viandantes acabarían trayéndose sillas, un cubo de palomitas con un buen refresco y un cojincito para el cuquis (ya se sabe lo que ocurre al pasar un millón de horas sentados cada día), y no podrían volver a casa, únicamente para dormir. Sería todo un espectáculo.

Vuelvo a la tierra. Que me encantan los escaparates y al pasar por ellos suelo pensar “invirtiendo un poco en Køristela (hay que barrer un poco para adentro, no?) llamaría la atención de la gente”, entraría más gente y picaría, que es la finalidad de poner una boutique.

Se suele tener la idea preconcebida de como hacer las cosas; es decir, se piensa en un mostrador, percheros, un toque de pintura, varias estanterías y un escaparate apelmazado para mostrar gran parte de lo que tenemos. Pero sugerir es mucho más atrayente que enseñarlo todo.

Cada estación del año puede guiarnos, debemos dejarnos llevar, fiarnos de nuestros impulsos.

También es cierto que es cómodo vivir como borregos, con lo cual todo lo que sea salirnos de los esquemas es original. Y la originalidad a veces no está bien vista, pero no perdamos el norte…cuántas veces hemos oído eso de ¡para bien o para mal, pero que hablen!, pues eso,que al final a la gente que ve cosas llamativas les pica el gusanillo y vendrán a visitarnos.

Cualquier detalle es importante; los mostradores, los probadores, los espejos,…todo.

En este último collage he mostrado sobriedad y elegancia, porque se puede ser original dentro de estos conceptos. La originalidad tiene millones de matices y no está reñida con nada o casi nada.

Observad el rollo que transmiten esos probadores amarillos. Ya estoy oyendo a mi socia decir con esa fantástica pronunciación: “es too much” , y lo es, maravillosamente too much, pero nada es demasiado para atraer a la clientela. ¡Flipa!

Fipando, flipandis, flipandéis, ehhh?

Es que en cuestión de escaparates no hay límites.

¿Primavera, verano, otoño e invierno? ¿Nada más, solo cuatro estaciones? Me niego, estaciones hay todas las que se deseen, y conforme a ellas debemos ir modificando el escaparate.

Miro las imágenes y siento la imperiosa necesidad de ir a comprar tanza (hilo de pescar, queridos lectores), cartulinas, telas, paneles, pinturas, brochas, y barritas de silicona para mi pistola, qué haría yo sin ella.

Recrear una escena, como la última imagen, es sencillo y puede dar un resultado espectacular. En esa foto se ven a dos chicas tomando un café y hablando de accesorios de moda, básico y chulísimo.

Globos de helio, barquitos de papel, moñas, bombillas, Batman…

Trigo, carrillos de mano, helados, naipes, flotadores, moldes de cupcakes…

Sigo porque no me harto de ver escaparates.

Piensa en lo que quieres transmitir en tu boutique, repiénsalo, rerrepiensa y dale una vuelta más de tuerca…, y cuando te veas en un enredo monumental ponte en contacto con Køristela y estaremos encantadas de acompañarte en tu aventura.

koristelahomedecor@gmail.com
Todas las imágenes son de Pinterest